En este caso, el día que además el PP presentaba el avance de su programa electoral veíamos esto en Twitter:
Lucía Castillo Monteagudo
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Un estudio reciente de la empresa de seguridad digital Proofpoint reveló que el 7% de las empresas habían despedido a algún trabajador por causa de su actividad en redes sociales. Un 20% afirmaron que habían amonestado a sus empleados por esta misma razón. En Facebook se puede encontrar un grupo denominado Fired because of Facebook ("Despedidos por culpa de Facebook") creado por Travis Megale, profesor de instituto. Él pretende que sirva para concienciar y prevenir a la gente del alto coste que pueden tener errores cometidos inconscientemente: “He visto a compañeros de trabajo publicar comentarios o fotos que si fuesen vistos por las personas equivocadas, podrían ocasionarles el despido”
Las empresas están cada vez más pendientes de lo que sus empleados (o aspirantes a serlo) cuelgan en sus redes sociales. Ya sea por una fotografía inapropiada del sujeto en cuestión o por nombrar algún dato confidencial de la corporación, lo cierto es que los despidos por causas de esta índole aumentan diariamente. ¿Las razones? Imagen y reputación, generalmente, aunque también por cuestiones de seguridad, ya que aunque parezca mentira, y según otras encuestas, hay un número alarmantemente alto de trabajadores que aseguran no solo tener acceso a datos confidenciales de la empresa (algo normal, si su cargo así lo implica), sino que estarían dispuestos a utilizarlos con ánimo de lucro. Según un estudio elaborado por Joan Goodchild, editora de CSO Magazine (revista profesional en torno a la seguridad de la información), algunos de los empleados entrevistados admitieron que copiarían datos y archivos electrónicos para llevárselos consigo cuando fueran despedidos…por lo que pudiera pasar.
En tiempos en los que todos estamos expuestos al escaparate de las redes (en mayor o menor medida), la identidad virtual que construimos y desarrollamos puede ser un impulso y un obstáculo para nuestra vida real. Pasarse el día actualizando el estado contando lo que piensas, lo que comes e incluso dónde estás, puede resultar contraproducente, sobretodo ahora que Internet es una fuente de información importantísima a la hora de conocer a los posibles futuros trabajadores de una empresa. Muchos directivos no tienen reparos cuando se trata de "espiar"a sus candidatos a través de la red, por eso es importante que nuestra identidad virtual también esté enfocada hacia un perfil laboral basado en la verdad, en la no tergiversación de los hechos, en la coherencia del comportamiento y en la confianza."Acuérdate de que los tienes allí, y cuando estés en una situación que te haga sentir la carencia de uno de ellos, como si pidieras ayuda a un super-héroe, llama anónimamente a sus respectivo número y déjanos un mensaje en ele contestador. Solamente has de decir exactamente dónde estás en ese momento y el día y la hora que es.
Ejemplo: "Estoy en Almería, España, en medio de la calle, en el nº1 de la calle Mayor. Hoy es 1 de Enero y son las 12 del mediodía."
Second Life llegó a ser tan popular entre los usuarios de la red que incluso partidos políticos y empresas multinacionales (como Reebook, Microsoft o Coca-Cola) decidieron hacerse un hueco en esta simulación. Así, mientras en la calle más próxima aparecía una nueva oficina de Intel o Sony, un conocido político creaba su avatar y adquiría una segunda presencia en este mundo virtual. Es el caso de Gaspar Llamazares de Izquierda Unida o el de la delegación del Partido Popular en Castilla la Mancha. Por otra parte, y dejando a un lado el ámbito político y económico, Second Life también es usado con fines educativos. Por ejemplo, las universidades de Harvard y Oxford lo utilizan para la formación de sus alumnos, mientras que el British Council elabora cursos y actividades interactivas para enseñar inglés.Pero ¿qué ocurre cuando llegamos a confundir el mundo virtual con el mundo real? Y no, no me refiero a que de pronto nuestro avatar de turno atraviese la pantalla del ordenador y logre suplantarnos, sino a que nuestras relaciones 2.0 y actividades 2.0 consigan ser más atractivas a nuestros ojos que el propio mundo físico y real. Estamos ante un problema, ya lo creo, y si no que se lo digan a Amy Taylor y David Pollard, protagonistas del primer divorcio virtual:
En Londres una pareja se divorció después de que la mujer se enterara que su marido había incumplido su voto de fidelidad conyugal, al tener una relación con una supuesta “prostituta” virtual. Los involucrados son Amy Taylor de 28 años y David Pollard de 40, usuarios adictos al metaverso que interactuaban más tiempo con sus álter egos, que entre ellos mismos. Aparentemente en uno de sus encuentros virtuales, Amy encontró a David en una posición comprometedora con otro avatar mujer y fue entonces cuando decidió pedir el divorcio. Lo más gracioso es que esta pareja británica se conoció a través de Internet en mayo de 2003, se casaron en julio de 2005 en la vida real y también celebraron su boda en Second Life. De hecho, la esposa sospechaba desde el 2007 que su marido le era infiel e incluso llegó a contratar a un investigador virtual para seguirlo."¿Les suena de algo Second Life? Si desconocen este universo virtual que ha causado auténtico furor Life 2.0 les ofrece la oportunidad de ponerse al día. Si conocen esta isla en la que la gente vive bajo la apariencia de un vistoso e irreal avatar, el documental les permitirá penetrar en los secretos de este peligroso artilugio internáutico. Una mujer obesa que habita en un sótano y que vive en Second Life como la estilizada dueña de una línea de productos de lujo, un chaval que se hace pasar por una adolescente y una pareja que debe trasladar su relación virtual a la realidad son los protagonistas de este impagable documental"
No he podido encontrar el trailer subtitulado de Life 2.0, pero se muestra bastante bien qué es lo que quiere conseguir Jason Spingarn con este tipo de narración. Da que pensar que estas situaciones tan extremas se den en la vida real. Cómo un mundo de ficción virtual pueda llegar a proporcionar más satisfacción en el usuario de turno que la que podría conseguir con un empleo o relación reales.